Las
dimensiones del ser humano. La dimensión física
Una adecuada nutrición, deporte e higiene son
indispensables para cultivar la dimensión física.
La dimensión física se refiere al cuerpo humano, que es la máquina más
maravillosa y completa que existe.
“La calidad de vida supone cuidar efectivamente nuestro cuerpo: comer
alimentos nutritivos y tener una dieta balanceada, descansar lo suficiente y
hacer ejercicio con regularidad, es decir, preservar y mantener nuestra salud.”
La salud física es el factor básico para lograr el equilibrio del ámbito
afectivo, intelectual y espiritual. Nuestro cuerpo es uno de los tesoros más
grandes que tenemos y para mantenerlo es indispensable:
·
Nutrición. Una adecuada alimentación, balanceada y que incluya los nutrientes
básicos, es fundamental para conservar la salud.
·
Descanso. El sueño es un
requerimiento esencial para recuperar fuerzas. Por otra parte es necesario
disfrutar de los periodos de descanso recreo y diversión.
·
Higiene. La limpieza, ayuda a la prevención y mantenimiento de la salud
física.
·
Ejercicio. El cuerpo requiere
ejercitarse para mantenerse saludable. Varios y diversos órganos y sentidos son
estimulados por la actividad física. A través del deporte es posible verse,
sentirse, trabajar y vivir mejor.
El deporte contribuye a obtener una salud integral. Cuando desempeñamos
alguna actividad física hay que considerar tres premisas básicas:
a) Realizar una
actividad placentera en donde exista diversión.
b) Que el ejercicio
elimine los productos residuales químicos producto de las
emociones negativas.
c) Hacer algo saludable
para uno mismo, tanto a nivel físico como psicológico.
Cuando se busca el beneficio para la salud, se recomienda: nunca realizar
algún ejercicio que no deseamos hacer. El ejercicio debe producir alegría,
placer y satisfacción.
“Nuestro cuerpo es como una máquina: si no la utilizamos se atrofia.”
La dimensión social
se organiza en torno a la interacción con otras
personas. Supone la expresión de la sociabilidad humana característica, esto
es, el impulso genético que la lleva a constituir sociedades, generar e
interiorizar cultura, y el hecho de estar preparada biológicamente para vivir
con otros de su misma especie, lo que implica prestar atención a otro humano
necesariamente presente, y la sociabilidad, o capacidad y necesidad de
interacción afectiva con semejantes, expresada en la participación en grupos, y
la vivencia de experiencias sociales.
Enfatiza en la diversidad de aspectos que permiten a la persona interactuar con otras personas, para lo que son esenciales la existencia de otros con conciencia de sí mismos, el lenguaje y la intención de comunicar. Es un componente esencial para la vida y el desarrollo humano al resultar imposible ser humano en solitario.
La persona nace en una sociedad (antes de nacer ya se está condicionado por una variedad de aspectos sociales, por ejemplo, las costumbres que marcan cuales son los patrones adecuados de comportamiento respecto a la elección de pareja o el embarazo) y necesita vivir en sociedad, ésta favorece la adaptación al medio, lo que le multiplica las posibilidades de sobrevivir. Nace de otras personas y requiere la presencia de otras personas para sobrevivir, llegar a ser ella misma en todos sus extremos y vivir una vida plena.
De hecho, muchas de las necesidades humanas precisan de la interacción con otros para ser cubiertas. Se interioriza la cultura de la sociedad en la que se nace o en la que se vive a través de los procesos de socialización que, en última instancia, favorecen la construcción del sentido del yo de la pertenencia a un determinado grupo. Mediante los otros, se moldea a la persona hasta que ésta acepta por completo las normas y valores sociales característicos del grupo donde habita, los ajusta a su propia idiosincrasia, y obtiene un marco de referencia para percibir y comprender la realidad y actuar autónomamente en ella. Para ello se aprovechan diversos mecanismos de desarrollo como la imitación o el modelado.
La construcción de la propia identidad es otro de los procesos sociales básicos. La conciencia de que existen otros conduce a la adquisición de la idea de uno mismo. El proceso de identificación va a permitir a la persona descubrir el significado de su propia existencia y la construcción de su proyecto vital, aspecto éste imprescindible para la autorrealización. En el contexto de la interacción con otros, la persona puede diferenciarse de los demás y reconocer sus similitudes con ellos. Obtiene así, entre otros, sentido de su cuerpo y de sí misma como algo que permanece aunque esté en cambio continuo; o la creencia en la propia valía.
La persona se vincula con otras mediante el intercambio continuo de acciones, lo que implica el desempeño de roles y el ajuste del comportamiento. Ello incluye el desarrollo de procesos de apoyo y ayuda mutua, un ejemplo de los cuales es el cuidado a quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad y dependencia.
Enfatiza en la diversidad de aspectos que permiten a la persona interactuar con otras personas, para lo que son esenciales la existencia de otros con conciencia de sí mismos, el lenguaje y la intención de comunicar. Es un componente esencial para la vida y el desarrollo humano al resultar imposible ser humano en solitario.
La persona nace en una sociedad (antes de nacer ya se está condicionado por una variedad de aspectos sociales, por ejemplo, las costumbres que marcan cuales son los patrones adecuados de comportamiento respecto a la elección de pareja o el embarazo) y necesita vivir en sociedad, ésta favorece la adaptación al medio, lo que le multiplica las posibilidades de sobrevivir. Nace de otras personas y requiere la presencia de otras personas para sobrevivir, llegar a ser ella misma en todos sus extremos y vivir una vida plena.
De hecho, muchas de las necesidades humanas precisan de la interacción con otros para ser cubiertas. Se interioriza la cultura de la sociedad en la que se nace o en la que se vive a través de los procesos de socialización que, en última instancia, favorecen la construcción del sentido del yo de la pertenencia a un determinado grupo. Mediante los otros, se moldea a la persona hasta que ésta acepta por completo las normas y valores sociales característicos del grupo donde habita, los ajusta a su propia idiosincrasia, y obtiene un marco de referencia para percibir y comprender la realidad y actuar autónomamente en ella. Para ello se aprovechan diversos mecanismos de desarrollo como la imitación o el modelado.
La construcción de la propia identidad es otro de los procesos sociales básicos. La conciencia de que existen otros conduce a la adquisición de la idea de uno mismo. El proceso de identificación va a permitir a la persona descubrir el significado de su propia existencia y la construcción de su proyecto vital, aspecto éste imprescindible para la autorrealización. En el contexto de la interacción con otros, la persona puede diferenciarse de los demás y reconocer sus similitudes con ellos. Obtiene así, entre otros, sentido de su cuerpo y de sí misma como algo que permanece aunque esté en cambio continuo; o la creencia en la propia valía.
La persona se vincula con otras mediante el intercambio continuo de acciones, lo que implica el desempeño de roles y el ajuste del comportamiento. Ello incluye el desarrollo de procesos de apoyo y ayuda mutua, un ejemplo de los cuales es el cuidado a quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad y dependencia.
Dimensiones del ser humano. Dimensión afectiva o
emocional.
La dimensión afectiva se refiere, como su nombre lo indica, a todas las
emociones y sentimientos que experimentamos.
La salud emocional es de vital importancia para lograr la armonía y el
equilibrio que se requiere para obtener una adecuada calidad de vida.
Existe una relación directa entre ética, valores y salud afectiva. El
objetivo de toda búsqueda humana es la felicidad. La felicidad individual es
tan importante que incide en la armonía social y de ésta depende en gran parte
la paz social.
La felicidad implica sentir emociones positivas y poseer salud afectiva.
La felicidad es una sensación profunda de plenitud que no depende de
factores externos, la felicidad es un estado mental que se cultiva y se aprende
mediante emociones y actitudes positivas.
Existen varios tipos de emociones positivas: alegría, regocijo, gozo,
excitación, admiración, amor, armonía, calma y sosiego.
La emoción positiva por excelencia es el amor, la dimensión afectiva
puede cultivarse a través de actitudes y conductas positivas, es decir, a
través de valores.
Paul Ekman, del departamento de psicología de la Universidad de
Pennsylvania, efectúo un estudio con personas con salud afectiva y detectó las
cuatro cualidades que emanan de las actitudes positivas:
·
Emanan bondad que los demás pueden advertir.
·
Generosas y empáticas.
·
Los demás se sienten a gusto con ellos.
·
Poseen un sentido de vida.
Las emociones y los sentimientos son inherentes a la naturaleza humana,
éstas han sido adquiridos mediante el aprendizaje y la imitación de quienes nos
rodean.
Las emociones negativas o destructivas son aquellas que dañan a los demás
y a nosotros mismos.
Existen reacciones físicas y cerebrales que acompañan a las emociones
tanto positivas como negativas.
Es necesario evitar las emociones destructivas ya que resultan dañinas y
nos provocan infelicidad. La mayoría de las personas experimentan emociones
negativas con determinadas situaciones, pero estamos en posibilidad de
liberarnos de éstas, es decir podemos modificar las emociones negativas a
través del aprendizaje consciente.
Algunas de las emociones destructivas son:
Ira
Violencia
Apatía
Cólera
Egoísmo
Desinterés
Resentimiento
|
Avaricia
Desconsideración
Rencor
Soberbia
Falta
de escrúpulos
Envidia
Arrogancia
|
Materialismo
Celos
Mentira
Miedo
Crueldad
Pereza
Enojo
|
Las emociones negativas más comunes son el miedo y el enojo; ante el
miedo es posible actuar de distintas formas: posponiendo la situación, no
enfrentándola o evadiéndola. Ante el enojo surgen respuestas como la violencia
o la agresión. Las emociones negativas pueden convertirse en positivas mediante
el uso de la razón; entrenar y educar la mente en valores para que éstos sirvan
como un medio para impulsar la acción hacia actividades positivas; esto podemos
lograrlo mediante un proceso lógico de pensamiento. Al tomar una decisión
debemos pensar en las repercusiones y utilizar la conciencia moral.
Cuando no tenemos control de nuestras emociones podemos experimentar
depresión y afectar nuestra bioquímica cerebral. Desarrollar virtudes como la
fortaleza, la perseverancia y la valentía para afrontar los problemas es un
camino seguro para experimentar emociones, actitudes y sentimientos positivos.
Entendemos la educación intelectual como el
proceso formativo e intencional que pretende la adquisición y asimilación
crítica de la cultura en una búsqueda constante de la Verdad. Esto permitirá a
nuestros alumnos/as afrontar nuevas situaciones existenciales que la vida les
ofrece, con criterios estables de interpretación y acción.
Este desarrollo intelectual, esencial para la
vida, lo concebimos en una doble vertiente.
Ámbito del propio desarrollo intelectual, es
decir, de cara a la integración comprensiva, activa y dinamizadora de los
alumnos/as en el mundo y en la realidad que les rodea.Ámbito de la
"madurez vocacional", de cara al ejercicio responsable de la
profesión que los alumnos/as elijan para el futuro.
Todo ello en un diálogo fe-cultura.
Potenciamos el aprendizaje de técnicas de
estudio y de trabajo en orden a una formación intelectual seria y
exigente.Pretendemos un aprendizaje significativo que:
- Motive la observación y la búsqueda de la verdad.
- Capacite a los alumnos/as para comprender e interpretar la realidad,
valorarla, tomar opciones e intervenir en ella humana y solidariamente.
- Procure que las propuestas de aprendizaje respondan a los intereses
de los alumnos/as y tengan conexión con sus experiencias personales.
- Asegure que lo aprendido sea práctico y operativo.
- Fomentamos el desarrollo de las capacidades y destrezas de observar,
comprender, analizar, sintetizar y evaluar.
- Pretendemos que lleguen a ser capaces de resolver cuestiones y
situaciones cada vez más complejas, modificando progresivamente sus
estructuras intelectuales y ayudándoles a conseguir una autonomía
progresiva en cada etapa escolar.
- Fomentamos las aptitudes intelectuales y el crecimiento de todas
aquellas capacidades que preparan a los alumnos/as para el acceso al saber
a lo largo de toda la vida.
- Intentamos formar y hacer crecer el pensamiento creativo, abierto y
divergente.
- Orientamos el trabajo del Colegio hacia la toma de conciencia de que
todos necesitamos una educación permanente y que lo que importa es
"aprender a aprender", en una actitud de renovación y búsqueda
constante.
- Motivamos a nuestros alumnos/as en sus estudios, no tanto por la
calificación cuanto por el autoconvencimiento de que su trabajo, para
ellos y para la sociedad, consiste en formarse y en desarrollar todas sus
capacidades, y procuramos educar a los padres en este mismo sentido.
- Animamos a los alumnos/as para que sean agentes de su formación,
vayan asumiendo las responsabilidades propias de su edad y sean lúcidos en
la evaluación de sus actividades y acciones.
- Deseamos promover el desarrollo y la madurez vocacionales de los alumnos/as, a través de un proceso tendente a potenciar el conocimiento de sí mismos y del entorno socio-laboral, que lleve a la autonomía y al compromiso personal y social.
Dimensión biológica de la
sexualidad
Se refiere a los componentes, anatómicos y fisiológicos, diferenciación, desarrollo y maduración, de los órganos sexuales externos e internos que se inicia desde la concepción y se desarrollan en la pubertad. Referida a todas las características físicas femeninas o masculinas determinadas genéticamente, cambios puberales y expresiones físicas de estimulación sexual.
Por ejemplo: Los Hombres: El desarrollo de la musculatura del adolescente, el enronquecimiento de la voz, el ensanchamiento del tórax, el crecimiento del vello púbico y axilar, de la barba, del bigote; el desarrollo del pene.
Las Mujeres: El aumento del busto, el ensanchamiento de las caderas, el crecimiento del útero o matriz, de la vagina, de la vulva, la aparición de la menstruación.
La dimensión sociocultural
de la sexualidad
Es todo aquello que las sociedades construyen alrededor de la diferencia sexual: roles, actividades, maneras de relacionarnos y de expresar emociones.
Es todo aquello que las sociedades construyen alrededor de la diferencia sexual: roles, actividades, maneras de relacionarnos y de expresar emociones.
A partir de la apariencia externa de los órganos sexuales de establece una larga cadena de enseñanzas divididas en hombres y mujeres.
Estas diferencias pueden verse en la forma de vestir, las carreras profesionales que elegimos, las actividades que desempeñamos, cómo nos relacionamos sexual y eróticamente con los demás, etc.
A los hombres por ejemplo, se les prohíbe llorar, expresar emociones, ser débiles, sentirse vulnerables, fallar o tener miedo; y está obligados a ser fuertes, duros, insensibles, competitivos, agresivos, conquistadores y proveedores.
Mientras que a las mujeres, se les prohíbe ser competitivas, fuertes, agresivas, tener deseos sexuales, tomar la iniciativa. Al mismo tiempo se espera que sean bellas, recatadas, sumisas, obedientes, maternales y dependientes.
Dimensión psicológica de la
sexualidad
Es la forma en que cada individuo retoma y reproduce todo lo que su sociedad le enseñó que debe hacer o como debe actuar.
Es la forma en que cada individuo retoma y reproduce todo lo que su sociedad le enseñó que debe hacer o como debe actuar.
La sociedad puede tener muchas expectativas de cada sujeto según su sexo, pero todos estos aspectos no se quedan fuera del individuo, por el contrario, poco a poco los va interiorizando y haciendo suyos hasta que condicionan su forma de pensar y de sentir.
La dimensión psicológica la integran aspectos sentimientos, ideas, la forma en que nos comunicamos. Están también nuestros miedos, deseos, fantasías y afectos, la experiencia subjetiva del amor y los demás vínculos. Entre todos estos, hay dos muy importantes: la identidad y la preferencia u orientación.
La identidad sexogenérica, que es la percepción íntima y personal de pertenecer a uno de los sexos. Además de tener un cuerpo masculino o femenino, la persona se percibe a sí misma como hombre o mujer.
La orientación sexual es la atracción afectiva y erótica hacia otras personas dependiendo de su sexo: homosexual, si se siente atraído hacia personas de su mismo sexo; heterosexual, si le atraen personas del otro sexo; bisexual si le atraen personas de ambos sexos.
La sexualidad humana está
compuesta por tres dimensiones
1. Dimensión biológica (sexo)
1. Dimensión biológica (sexo)
2. Dimensión sociocultural (género)
Dimensión espiritual o trascendente y
dimensión religiosa en la persona.
Si la persona tiene una
dimensión física, otra psicológica, otra afectiva, otra
social…, tiene también una dimensión
trascendente o espiritual. Es esa parte de la persona en donde se alojan los
valores, el sentido de la vida y de la muerte, los amores y desamores, la
relación con Dios, etc. No se trata únicamente de hablar de religión. Se trata
de reconocer que en situaciones de crisis, como es la del envejecimiento, la
pregunta por “quienes somos” nos desborda y nos remite a un horizonte de
valores que están fuera de nosotros, que nos transcienden.
Dimensión trascendente: cuando hablamos de la persona como
aquella que se pregunta ¿qué es lo que sostiene su vida? ¿cuál es el sentido
que da a su existencia? ¿quién soy yo?.
Dimensión religiosa: pone a la persona en relación con
Dios de diversas formas. Hablamos de dimensión religiosa cuando hay una
referencia explícita a Dios. La dimensión religiosa presupone la espiritual o
trascendente, pero no se sigue necesariamente de ella.
¿Qué necesidades de orden espiritual encontramos en
nuestros mayores?
Las grandes necesidades
espirituales del mayor son el sentido, la esperanza y la reconciliación:
·
Resituarse en el tiempo.
·
Sentirse acompañado.
·
Mantener vínculos de afecto con personas significativas.
·
Ser respetado en sus opiniones, creencias y valores.
·
Integración personal, recorrer la última etapa de su vida con
fecundidad.
·
Encontrarse con la enfermedad y confiar en el cuidado de su
familia y de los profesionales.
·
Encontrarse con la muerte con serenidad.
·
Sentirse apoyado en momentos de especial vulnerabilidad y
debilidad.
·
Vivir y celebrar la fe.
·
Encontrar un lugar en la Iglesia.
Resumen
de la lectura












